
¡Me ha vuelto a ocurrir! El sábado
pasado conseguí cargarme un kilo de estupendos medallones de rape y de paso, medio
kilo de guisantes tiernos que me costaron casi más caros que el rape. Y todo
por culpa de un listillo que estaba delante de mí en la cola de la pescadería.
Este caballero que me precedía,
estaba comprando rape, mucho rape y le decía al pescadero:
-Pártamelo en medallones, para
hacerlo a plancha.
Yo llevaba un buen rato rato allí y ya
me estaba aburriendo, así se me ocurrió decirle:
-Perdone que le haga esta
pregunta, ¿cómo hace usted el rape a la plancha?, porque a mí se me suele
salir el jugo y me queda fatal casi siempre.
Él, cubriéndose las espaldas, me contestó:
-Bueno, es que con el rape, ya se
sabe, hay que hacerlo muy poco, porque si no se queda seco, efectivamente.
A mí eso no me convenció del
todo, porque si se hace mucho pierde el jugo, y si se hace poco, se queda crudo
y gelatinoso. Se me debió notar, porque el caballero siguió:
-Es que el rape, como está bueno
es en salsa verde, yo lo llevo para hacerlo a plancha para no entretenerme...,
etc.
Total, que yo piqué y decidí que
prepararía el rape en salsa verde. Compre el rape cuando me tocó el turno y dispuesta a
darlo todo, compré también los guisantes en una frutería vecina.
Por esmerarme más, busque recetas
en varios libros y en Internet y vi que más o menos todas coincidían: la salsa
con la cebolla y el perejil, la harina refrita, se añade caldo o vino blanco o
las dos cosas, y el pescado al final. Las distintas variantes incluyen,
guisantes, almejas y no sé cuantas cosas más.
Yo me quedé con lo básico, y por
rizar el rizo, hice un caldito con los huesos del rape y las cosas habituales.
El resultado fue muy mediocre. La
salsa, que parecía ir trabándose muy bien, se destrabó al echar el pescado. Los
guisantes, que, según me había asegurado la buena señora que me los vendió,
solo necesitaban un hervor mínimo, quedaron estilo balín, y el rape
estaba bueno, porque era bueno, el pobre, pero sin ninguna gracia.
El único motivo de alegría fue no
haber comprado almejas para aderezar el plato.
Desde aquí solicito ayuda a mis
lectores, que yo creo que tengo alguno:
¿Alguien me puede decir cómo
triunfar con el rape? ¿Cuál es el verdadero misterio de la salsa verde?
Si alguien me saca de este
atolladero, prometo escribir unas coplas conmemorativas.